"Entre lo que se alucina, lo que se quiere ver, lo que se ve realmente y lo que no se ve, el juego es infinito: es ahí donde tocamos la parte más íntima del cine". Serge Daney.

28 de agosto de 2009

Cine y televisión, o sobre cómo El secreto de sus ojos es una cosa y Anita otra

Esto no es una crítica (*). Es algo así como la comparación entre dos películas a partir de las diferencias entre el cine y la televisión. Tres párrafos inconexos sobre una película muy buena y otra que no lo es. O sobre cómo en el cine puede verse cine pero además, en ciertos casos, puede verse televisión.

1.
Siempre se dice de la televisión que abusa del primer plano, y no está mal; en un plano abierto los detalles se pierden, las acciones carecen de precisión y la intimidad de una imagen que pide a gritos ser domesticada se escapa corriendo y disminuye el número de miradas televidentes. A diferencia de la sala de cine, que funciona como un paréntesis casi metafísico (salvo en una de las salas Arteplex del centro de Buenos Aires, que se encuentra a varios metros bajo tierrra y parece venirse abajo cada vez que pasa el subte a pocos metros), la televisión compite cuerpo a cuerpo con el mundo (al cinéfilo no le alcanza con apagar su celular, encerrarse a oscuras con la imagen y pedir que no lo molesten, porque el peligro de la interrupción insoportable permanece siempre latente). Por eso el plano abierto en la televisión es la mayoría de las veces un separador, una imagen que dura pocos segundos y que invita a la distracción (acomodarse en el sillón, dejar el café sobre la mesa). Luego del relax, es necesario volver a ponerle la correa de sentidos a la imagen para que no salga corriendo y se escape por ahí; reaparece el primer plano (nada obliga más a seguir mirando una imagen que una imagen con una mirada), los decorados interiores, la disposición de las cámaras en una cuarta pared de tipo teatral y los personajes que siempre hablan parados, sentados o detenidos (aun si están caminado mientras conversan, por ejemplo, como ocurre en los muy usados planos grabados con teleobjetivo o "zoom al mango", donde dos personajes caminan hacia cámara en la calle y jamás modifican su tamaño de plano). La meta de la imagen es la seducción. Con el sonido pasa algo similar. Ante el primer intento de la imagen de querer escaparse, de mostrar que puede (¡puede!) no sólo ser un registro diáfano de los objetos y del mundo sino también una mirada particular, una contradicción o una fantasía, aparece al instante el sonido guardián para atajarla. La voz y la música se comportan igual que un primer plano: impiden la distracción y la ambigüedad; lo que se dice siempre comunica (siempre informa sin mucho ruido para seguir una trama de manera relajada) aun si pierdo de vista la imagen por varios segundos (reacomodarse en el sillón, tomar el café sobre la mesa), mientras que la música acompaña o simplemente pone grilletes a la emoción. Este subrayado del que tantas veces se habla no es únicamente una redundancia, una repetición o una cursilería, sino la plena conciencia volcada sobre la pantalla de que la imagen y el sonido tienen prohibido decir otra cosa que la que dicen. De que todo el sentido comunicable está contenido sin conflicto ni alteraciones entre los límites del marco. La televisión ignora el fuera de campo.

2. Dos estrenos recientes del cine argentino (El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, y Anita, de Marcos Carnevale) me hicieron pensar en estas diferencias entre el código de la televisión (su forma de narrar, de mostrar, de incluir y exluir al televidente) y el cine. Entre la relevancia de una película que se nutre del cine (de su historia, sus géneros y posibilidades) y es relevante en todo sentido (en lo formal, en lo popular) y otra que, lejos, queda estancada en una imagen que se alimenta sólo del marco televisivo y sus limitaciones.

3. Recomiendo mucho la muy buena película de Campanella: hace verosímil lo inverosímil a través de recursos propios del cine y con absolutra honestidad (un montaje y una estructura temporal justificados por la permanente actualización de un punto de vista, hacedor de imágenes que buscan transformarse en una mirada particular y problemática sobre el mundo y que jamás renuncia al deseo personal y a la pasión de sus personajes). Anita, por el contrario, no cree ni en sus imágenes ni en sus personajes; los desprecia, completamente (prestar atención, si no, a lo que la película hace con el personaje de Luis Luque en una escena sobre el final, donde miradas inquisidoras lo denuncian mientras la cámara pivotea de un lado al otro regocijándose con el asunto). Dice todo el tiempo lo que muestra y muestra todo el tiempo lo que dice, y, aun así, cierra todo con un proverbio/refrán/mensaje aleccionador que en letra gigante sobre la pantalla, antes de los créditos finales, nos ayuda a entender lo que hasta ese momento (qué buenos) continuábamos poniendo en duda: que el cine es otra cosa, por suerte.

(*) Para crítica de El secreto de sus ojos recomiendo esta nota y esta otra, de Nicolás Prividera.

14 comentarios:

Cintia dijo...

Me gustó la comparación entre la tele y el cine; éste último nunca se aprecia lo suficiente. Y en cuanto a las pelis, El secreto de sus ojos me encantó, y Antita no la vi y creo que por ahora la voy a dejar pasar, no me llama demasiado.

Besotesss

Y encima se llamaba Alabama dijo...

No te falta nada de razón al mostrar que las diferencias básicas e iniciales entre uno y otro son antes que nada una cuestión de consumo. Esto es: la televisión se devora en casa, entre miles de estímulos, el cine se comparte con gente (aunque silentemente) en un lugar acondicionado para la atención.

Romina dijo...

buena nota! Una lastima que hacer la diferencia sea necesario.

Saludos

Hernán dijo...

Cintia: también me gustó mucho la película de Campanella, y, aunque piense que no sea una buena película, te recomiendo que veas Anita en el cine, está bueno para discutir, pensar y por qué no comparar. Saludos.

Alabama: es verdad, la televisión es un electrodoméstico (y aun así puede ofrecer cosas maravillosas, como lo hace). Pero también algunas imágenes del cine no buscan otra cosa que ser consumidas, y sólo eso. Con relación a esto último publiqué hace unos meses unas ideas del cineasta español Víctor Erice, donde dice que las verdaderas imágenes (justas y necesarias) no se consumen jamás: ni ayer, ni hoy, ni mañana. Saludos.

Romina: gracias por el comentario y saludos.

mge dijo...

Alabama, entre los celulares, los nachos, el pochoclo, la pizza y los panchos, el cine para compartir me parece que es cosa del pasado. Paradójicamente, la única manera de compartirlo es juntarse un grupo de amigos donde circule el respeto mutuo y optar por el DVD. Llevar el cine al soporte de la TV me resulta la única manera de compartir una película. Por mi parte, no presencio una función digna desde el estreno de Capote, allá por el 2005. Y vamos para el 2010...

¿Será que la gente cree que está viendo Valientes y puede hablar sin que nada se pierda? ¿O el espectador de cine está sufriendo una especie de degeneración que lo equipara cada vez más con la pasividad frente a la imagen que propone la televisión?

No tengo la respuesta, pero es preocupante.

Muy bueno el artículo, como siempre.

Nota: Anita grita "¡No!" ya desde el poster.

laputaquelopario dijo...

Estaba esperando alguna crítica de "El secreto de sus ojos" en PlanoCenital, pero se me hace que la no-crítica está más centrada en aspectos técnicos (totalmente válidos, por supuesto) que en la estructura interna del cine de Campanella. No vi Anita, así que no puedo decir mucho más. Vamos a ver qué dice Prividera.
Saludos!

Pabela dijo...

Qué pena, no vi ninguna de las dos pelis aunque tengo muchas ganas de ambas, asique si la suerte está de mi lado ya podré comentar mejor. No obstante estoy alucinada con tu artículo, muy bueno y totalmente de acuerdo en las diferencias. También, por otra parte concuerdo con mge, hoy por hoy seguiría eligiendo el cine pero en lo posible en horarios nada pico donde el resto de los concurrentes realmente molestan. Además me ha pasado últimamente que en ciertos films la imagen no era tan nítida o el sonido tan limpio como cuando luego las vi en casa. En los Hoyts por ejemplo a veces pasa que estás viendo un film y sentís los ruidos y sonidos de la sala de al lado!!... en fin que nos fuimos de tema! jejeje perdón.

Desarmandonos dijo...

Escribís muy bien, me rompió la cabeza esta frase:

"A diferencia de la sala de cine, que funciona como un paréntesis casi metafísico (...) la televisión compite cuerpo a cuerpo con el mundo".

Silvio dijo...

Estimado Hernán: Hace exactamente una hora, corté telefónicamente con Juan José Campanella, a quién realicé una entrevista con motivo del estreno (mañana jueves) de “El Secreto de sus Ojos” en Santiago del Estero. Es verdad, el entusiasmo por verla es grande, ya que la crítica parece haber encontrado un punto común en esta cinta, contrariamente con los anteriores trabajos del director, al que hasta leí por ahí acusaron de “populista” (¿Se animará Chávez a dirigir alguna vez?)



Con respecto a “Anita”, no llegó (como es usual) aún a las salas de mi provincia, no obstante, me resulta interesante como la figura de la actriz con síndrome de down genera una ternura en ciertos espectadores quienes, presumo, mirarán la película con una predisposición víctima de un sabotaje emocional.



Por eso celebro este tipo de lectura, que nos convida a practicar una mirada mucho más analítica al momento de sentarnos en la butaca. Un saludo.

Hernán dijo...

Mge: bueno, lo que decís es algo triste pero razón no te falta, y creo que en tus dos preguntas ya está el borrador de las respuestas.

Laputaquelopario: es verdad, no es más que una comparación a partir de un tipo de código que ya está naturalizado en la pantalla y, como dice muy bien Mge, quizás también en la platea. Además empecé a escribir una crítica sobre El secreto... pero no aportaba nada a lo que otros ya habían dicho sobre la peli y mucho mejor, así que me salió esto.

Pabela: ni hablar de cuando te patean el respaldo o cuando te mastican pochoclo con la boca abierta al lado o cuando... en fin. Igual sigo defendiendo el cine en el cine. Por ejemplo, ¿cómo se hace para ver Bastardos sin gloria en televisión? La respuesta es: no ves Bastardos sin gloria, ves otra cosa.

Desarmandonos: gracias por pasar y por el halago, no puedo defenderme. Saludos.

Silvio: te agradezco el comentario. De todas formas no creo que Anita apele a ese sabotaje (casi no tiene golpes bajos), simplemente es rudimentaria y hace recordar mucho al cine argentino de otras épocas (en varias escenas hay insultos puestos solamente para que el espectador se ría, por ejemplo). Saludos.

Flavia dijo...

Muy Buen Post y muy buena pagina.

Saludos

Cinemarama dijo...

Hola Hernán. Ví Anita recién ayer, y todo lo que decís de la película (bueno, no sé si todo, más bien la idea general) me cruzó la mente a los pocos minutos de empezada la película, cuando Norma Aleandro y Anita están esperando en la vereda y la madre (Aleandro) le dice a la hija "ahí viene el remís", una línea hueca y redundante que no hace más que (sobre)informar para que ningún espectador se quede afuera de lo que está pasando (que tampoco era tan difícil de elucidar). Encima, la cosa se agrava porque el plano las encuadra a las dos de frente, lo que hace imposible que el público pueda ver el auto llegando, pero ellas sí lo pueden ver, claramente, por lo que la inclusión de la frase es todavía más grosera.

saludos.

Diego.

Hernán dijo...

Hola, Diego. Está muy bueno el ejemplo, no me acordaba de esa escena en la vereda, que representa bastante bien el espíritu de toda la película: el diálogo parasitario de la imagen (o al revés, lo que es peor). También hay una parte donde Luque le dice a la protagonista "vos te caíste de la escalera pero yo de la vida" o algo así, como si esta forma rudimentaria de caracterizar al personaje no estuviera ya en las imágenes de repetidas escenas que sólo sirven para eso (y para remarcar que un personaje como el de Luque, tan alejado del público biempensante al que está dirigida la película, jamás podría estar mostrado en el afiche, como lo está el de Norma Aleandro y su simpática sonrisa maternal). Después la película se encarga no sólo de tirarlo al personaje de Luque sino también de enterrarlo, en una escena bastante patética con miradas acusadoras y cámara excitada, pero ésa es otra historia.

Salduos.

pablo dijo...

gnete, vi anita hace 2 dias, y disculpen mi ignorancia y falta de sabiduria respecto a las calidades cinematograficas de una pelicula. la disfrute en gran medida, me entretuvo desde principio a fin, y por supuesto, quizas no sea una pelicula pensada para lograr un oscar, pero habiendo tantos imbeciles pagando para ver a robots de otros planetas peleandose en la tierra o cosas similares, no hace mas que hacerme pensar que la propanga de coca cola donde dice "necesitamos menos criticos de cine" termina siendo realidad. el cine esta hecho para entretener, con millones de dolares de presupuesto, o con baratijas, con "lineas huecas" o frases ultraelaboradas....cuando me siento en una butaca, lo que no quiero es aburrirme, y "Anita" no lo hizo. gracias

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