
"Me gusta mucho la idea del intruso, del espía como personalidad para la cámara, y me es muy útil para la puesta en escena. Porque cuando te asomas por primera vez a un grupo de gente y empiezas a fijarte en sus relaciones a veces es confuso: hay hermanos que parecen novios, padres que tienen un trato rarísimo con las hijas... Hay una forma de filmar que presume que las personas se ajustan a las categorías inventadas. Yo sólo veo el desborde de todo eso. Si te acercas pensando como un intruso siempre te va a llevar tiempo entender."
Lucrecia Martel, en Cahiers du Cinéma España, Nº 19, enero de 2009.

14 comentarios:
Esta filosofía aunque interesante, a veces puede llevar a caminos peligrosos. Cuando esa técnica se enfatiza o se abusa el resultado puede ser desastroso o formidable, es cierto. Hay que reflexionar sobre como acercarse a la vida de los hombres, pero antes hay que decidir si queremos manipularla, al fin y al cabo el cine es un arte, y el arte, es creación no?, en suma, manipulación. Perseguir la realidad en el cine es una obsesión que lleva persiguiendo al hombre desde el formailismo ruso que yo recuerde y todo sin percatarse que el cine, al fin y al cabo, nació casi, casi, como un género documental ya hecho. Las primeras imágenes eran eso, fragmentos de realidad recogidos por una cámara inmovil. Yo creo que ahí hay más honestidad que en muchos que hoy en día se acercan cámara en mano a desgarrar la realidad de los hombres...
Menuda parrafada acabo de soltar. Perdon...
Ramón
En todo caso creo que la honestidad, si hablamos de cine documental (más allá de la vieja discusión sobre los límites entre la ficción y la realidad), no estaría en descubrir o revelar cosas ocultas, sino en utilizar la imagen para mostrar lo mentirosa y manipuladora que puede resultar nuestra relación con lo que nos rodea (haciendo también responsable a la misma imagen de todo el proceso). Algo de esto hace Martel en su última película, que por supuesto está lejos de ser un documental. Pero no creo que haya una intención de "perseguir la realidad", sino más bien de alterarla un poco y mirarla desde un lugar que resulte privilegiado, que es el de espía.
Hay que tener en cuenta que cualquier filmación ya es una manipulación. Si el realizador de documentales (películas, cortos y demás) parte de esa base, será capaz de mostrar la realidad de una manera más clara que lo haría el que se cree que está filmando la realidad verdadera. Eso siempre que esa sea su intención principal claro.
Yo creo que lo que dice es que la cámara (Mirada) puede delimitar la realidad conceptualmente, y lo que ella prefiere es una posición en la cual la realidad no se encuentre contenida en categorías. Busca captar lo real en algun punto eliminando esa categorizacion, lo cual si bien es imposible, le otorga una mirada bastante interesante a sus obras. Estoy ansioso para ver que es lo que hace con el Eternauta, ojala no abandone su posicion del todo (algo obsesiva), pero si ojala un poco... Ojala que pueda hacer algo bueno con lo mirado por otro, ahora visto por ella. Martel abandona un poco la frigidez para esta pelicula!! un poco!!
Marcos
Es verdad, la cámara en la mano y la intención documental no alcanzan para garantizar gran cosa. Si así fuera, YouTube estaría lleno de Chris Markers y Werner Herzogs. Tampoco estoy seguro de que se trate de más o menos claridad en la forma de mostrar una realidad (¿quién puede adjudicarse la potestad de dicha luz?), sino de mostrarla esta realidad desde otro lado. Algo al respecto escribí hace unos meses en un post sobre el cine documental.
Bestiarium
¿Frigidez en el cine de Martel? Te recomiendo ver La niña santa; nunca el deseo fluyó tanto en el cine argentino. (Y comparto la ansiedad: El Eternauta pasó a ser la película más esperada por todos hasta el día de su estreno.)
No puedo decir si el deseo fluye o no en La NIña Santa porque estuve demasiado ocupado tratando de olvidar que la historia de la pelicula es muy estupida, que el personaje de Urdapilleta no tiene sentido, que la obviedad de la escena del intrumento loco es alarmante, que la directora quería bajarme línea cada dos planos, que un cine "arriesgado" como el de Martel te pone una escena al principio en el que se dice exactamente lo que va a suceder luego, que los personajes de las chicas parecen dos mogolicas infradotadas y no dos seres con rasgos humanoides, en fin... Sino te juro que percaba lo del deseo.
muy buena la cita de Lucrecia y muy interesante la discusión...
1) Ante todo, Lucrecia en ningún momento habla en su frase ni de la cámara en mano ni de tener una pretensión documental. Habla de poner la cámara según la idea del intruso: es un principio constructivo muy preciso en su cine que la diferencia de otras formas de poner la cámara. Ella no dice que esa es la mejor ni la más cercana a la realidad, sino la que a ella le resulta interesante. Cuando explaya la idea, dice lo que le pasa cuando se asoma por primera vez a un grupo de personas tratando de entender sus relaciones, es decir: habla de una experiencia subjetiva y no de cine documental. Pero el cine documental también podría ensayar ese principio, ya que tampoco hay una sola forma de hacer documental.
2) "Cualquier filmación es manipulación (...) el arte es manipulación". Son axiomas exagerados y unilaterales. El cine y el arte en general tienen un aspecto de manipulación (también el discurso periodístico y el científico lo tienen). Pero no se puede reducir a eso. El registro involuntario en el cual el cineasta (si es de ficción o de documental no importa tanto) descubre, al observar lo filmado, algo que antes no había visto es el momento no manipulador del cine. Hay muchos testimonios de algunos realizadores claves que hablan de esa experiencia: Bresson sería un caso eminente. El dice que la cámara, por ser un instrumento mecánico, captura cosas que la percepción humana no sería capaz de ver sin la ayuda del cine. Para Bresson filmar era descubrir eso; después viene el momento del montaje, que de ninguna manera anula esa mirada "involuntaria".
Oscar: muchas gracias por el aporte. Está claro que la cita no se refiere al cine documental; se trata de un par de ideas que se fueron generando a partir de los comentarios del post y que excede por supuesto a lo particular del pensamiento de Martel y su gusto por la puesta de cámara.
Es verdad que del axioma de la manipulación en el cine (y en el arte en general) se desprende a veces un reduccionismo bastante chato y hasta peligroso: da lugar a un relativismo exagerado que paradójicamente termina cegando la postura crítica del espectador y el diálogo activo con lo que está viendo. Pero hablar de manipulación, así en general, es también algo ambiguo. Por supuesto que no hay manipulación en el realizador que descubre en lo filmado algo que no había visto en el momento de la toma, aunque quizás la manipulación de la imagen en el cine no se refiera tanto a la intención conciente que puede existir en la mente de un realizador con el fin de comunicar algo preciso como a la propia ontología de la imagen que produce la cámara en tanto instrumento mecánico. Quiero decir que si bien no se puede reducir el cine al aspecto de manipulación que comparte con todas las artes, tampoco se puede concluir una falta de manipulación en la imagen debido a una supuesta ingenuidad en el cineasta o a lo involuntario de un registro (todos sabemos que la cámara no habla, pero esta certeza no basta). Salvo que nos estemos refiriendo a esos imponderables de los que hablaba Herzog cuando uno está filmando, por ejemplo, un paisaje en la montaña y de repente entra en erupción un volcán. Creo que saber qué hacer luego con esa imagen es apropiarse del azar y producir otros sentidos. La mirada nunca es involuntaria.
Hernán:
la mirada nunca tampoco es voluntaria. Uno no mira lo que quiere, sino lo que puede y aun aquello que captura a la mirada. Por eso el modelo de la manipulación es insuficiente para pensar al cine. El experimento científico es manipulador, la edición periodística también. Yo creo que si nos gusta tanto el cine es precisamente porque puede desmarcarse de esa manipulación. Es cierto que hay un cine que toma el modelo del periodismo o de la publicidad. Pero el cine nos sirve para pensar la mirada (y eso es lo que hace Martel en esta cita) como algo no del todo voluntario: cuando uno llega y empieza a ver a un grupo sin saber qué vículos tienen... ahí la mirada está regida por el deseo de ver y eso no se puede manejar a voluntad. Cuando a vos se te van los ojos, cuando no podés dejar de mirar, ahí es cuando mirás. Los grandes artistas rescatan esa capacidad de la mirada, que, obviamente, no aparece en la manipulación conductista a que se reduce el cine montaña rusa que hoy impera en el mainstream.
saludos
[Bresson sería un caso eminente. El dice que la cámara, por ser un instrumento mecánico, captura cosas que la percepción humana no sería capaz de ver sin la ayuda del cine. Para Bresson filmar era descubrir eso; después viene el momento del montaje, que de ninguna manera anula esa mirada "involuntaria"]
La maquina que captura cosas de la realidad involuntariamente nada tiene que ver con lo "involuntario" de la mirada subjetiva. Si no mas bien todo lo contrario. mezclaste dos cuestiones opuestas en un comentario y el otro. Justificando lo involuntario.
La diferencia es que la cámara es una percepción mecánica y la mirada es una intención (inconsciente y consciente) subjetiva. Incluso con la mirada soy capaz de negar la percepción. Puedo no ver lo que allí está o puedo ver lo que allí no esta. (ver la Mujer sin cabeza) Y sobre todo puedo verme a mi mirando y creer que el que mira es un yo. Entonces si coloco la cámara con una personalidad "intrusa" o lo que fuese, también estoy manipulando... Hay algo que es imborrable y eso es la mirada! (Y no precisamente la percepcion de la máquina porque esa puedo no verla y la locura es una prueba de ello)
Si por manipulacion se entiende la impresion de una subjetividad en algo... absolutamente todo producto cultural humano es manipulado... sea eso voluntario o no.
Ahora lo que Lucrecia Martel intente desde una mirada subjetiva (¿podria ser de otra manera?) puede apuntar mas a buscar la descripcion de una realidad interna o la de una realidad externa (seguramente una división tajante es inútil ya que una cosa siempre muestra a la otra, si le interesa mostrar mas sus sentimientos o si le interesa mostrar mas el mundo real ahi afuera libre de categorias subjetivas, probablemente eso no lo diga esta frase que Hernán puso en el post. Pero ver sus películas nos podra dar una idea, claro no siempre libre de la propia mirada particular de quien las mira.
Cuando digo que la mirada nunca es involuntaria estoy pensando en la diferencia que existe entre mirada y visión, o entre mirada y percepción. Como dice Bestiarium, la mirada siempre es cultural, implica siempre una intención, un filtro, y un cierto grado de domesticación. En este sentido no creo que se pueda hablar de mirada involuntaria, ingenua, virginal, porque sería una contradicción en el mismo concepto. Seguro que todos vemos la misma película en la sala de cine, pero cada uno mira una película distinta. Con la realidad pasa algo similar (ahí está el ejemplo del comienzo de La mujer sin cabeza con la escena del perro muerto, y también ahí está la clave para entender la última película de Martel, que pone en imágenes esta cuestión entre el ver y el mirar, sus intenciones, sus borramientos y sus intereses en juego).
Cuando uno llega y empieza a ver a un grupo sin saber qué vículos tienen, está viendo. Viendo, no mirando. ¿Pero existe realmente en algún momento esta visión? Y si existe, ¿cuánto tiempo dura? ¿Cuánto tiempo pasa antes de que empecemos a mirar?
Diferente es la manipulación conductista del cine mainstream, que se trata más bien de un esquema estético basado en el par estímulo/respuesta (y digo estético porque se lo ve aplicado en todas las áreas artísticas de una película, desde la imagen y el sonido hasta el montaje y las actuaciones). Y ahí entra en juego, como decía Daney, la diferencia que hay entre la visión y la imagen: la diferencia entre mostrarlo o verlo todo (el mainstream, la tv, la publicidad) y la necesaria presencia de un contracampo.
Bestiarium:
no estoy mezclando, sino nombrando instancias que se escapan a la manipulación. Es una tesis deamsiado repetida que el cine es manipulación y yo nombré algunos momentos que se escapan de ello. En Bresson está claro que se vale de la cámara para mirar de un modo que sin ella no habría descubierto. Ahí hay una instancia que se escapa a una manipulación voluntaria, una predisposición a ir más allá de su mirada, a que lo real irrumpa inesperadamente en su cine. Bresson se vale de ese artefacto mecánico, el cinematógrafo. Pero es importante tener en cuenta que en ese registro no se acbaba el cine de Bresson, que eso desencadena una segunda mirada, trabajada sobre el material registrado por la máquina. Bresson no hace eso sin su propia decisiòn de hacerlo, es decir, hay voluntad. Pero es una voluntad que quiere ir más allá de sí misma, que quiere ver algo más. Ese resto al que Bresson busca de un modo oblicuo es un tanto pobre y esquemático reducirlo a la nada y hacerlo materia inerte de una manipulación. El cineasta no es el que "inventa" una mirada desde su arbitrio, sino el que trata de mirar más y mejor. (Así como el músico no es un simple inventor de melodías, sino ante todo alguien que oye con mayor atención, porque quiere oir lo hasta ahora inaudito).
Hernán y Bestiarium dicen ambos una idea similar: que todo producto cultural humano es subjetivo y por lo tanto manipulado. Creo que se abusa de la idea de manipulación, que se confunde perspectivismo con manipulación, como si la subjetividad fuera una invención arbitraria de una voluntad humana (sea individual o colectiva, da lo mismo, se piensa en un modelo de manipulación).
Mirada involuntaria no es sinónimo de ingenua o virginal o no atravesada por la cultura. Creo que ahí hay una importante confusión. Y además, el hacer caer el cine bajo la guillotina de la cultura ("toda mirada cultural es...") resulta un error, porque se cae en un reduccionismo que no permite pensar lo distintivo del cine con respecto al periodismo, el documento científico u otros productos culturales. Godard dice: la cultura es la regla, el arte es la excepción: y eso vale para la mirada cinematográfica.
Por último, no hay diferencia entre mirada y percepción, no hay una sin la otra. En la mirada hay algo que se escapa a la intención, algo a lo cual la mirada se somete. Pensar a la mirada como voluntaria es suponer que vemos lo que queremos y eso no es verdad y no lo ha sido nunca, ni para los individuos ni para las culturas. El cine como arte es la posibilidad de pensar sobre ello, está fundado en una decisión del artista, pero no en un capricho arbitrario.
saludos
A eso me refiero con la voluntad en la mirada. A la intención del artista de mirar más y mejor. A la capacidad que tiene, en este caso el cineasta, de producir una mirada particular que permita no tanto el descubrimiento de verdades ocultas o revelaciones trascendentes sino más bien la posibilidad de ir más allá de los sentidos, al menos de los habituales. Detrás de esta búsqueda hay siempre una voluntad, una intencionalidad o una urgencia desesperada, pero no se trata de la voluntad o de la manipulación racional y conciente del ya finiquitado sujeto cartesiano (no creo que haya nadie acá que esté afirmando un "miro, luego soy"). Por eso no creo que de esto pueda traducirse un "veo lo que quiero" como decís, todo lo contrario. Más bien se trata de apresar mediante la mirada una serie de imágenes justas y necesarias para subvertir el lugar del observador, que también tiene siempre una mirada, una voluntad y un deseo.
Y nadie hace caer al cine bajo la guillotina de la cultura; detesto esa confusión que mezcla el arte con la cultura en su sentido antropológico. Apoyo por eso tu referencia al axioma de Godard, al que hace un par de años le dediqué un post insignificante pero que incluye un video extraordinario, que recomiendo.
Saludos
Publicar un comentario