El luchador es la película de un cuerpo. Cuerpo con dos nombres (Randy Robinson/Robin Radzinski), uno falso y otro verdadero. Pero, ¿cuál es cuál? Esta pregunta (y las variaciones de su respuesta) es el principal conflicto que viene a enfrentar (¡y de qué forma!), durante toda la película, el cuerpo con la palabra. Ahí está la escena donde Randy se enfurece cuando lo llaman Radzinski o cuando por error le dan una credencial en su nuevo trabajo con el nombre de Robin. Lo cierto es que bajo el nombre de Robin es que Randy “The Ram” Robinson podrá simular, al menos durante un tiempo, ser un trabajador promedio, saludable y conciente, estúpidamente contento de una felicidad sostenida por hilos, artificial, y con la que buscará rehacerse dando los pasos que el nuevo mundo le exige (el médico) o le aconseja (Cassidy), intentando recuperar un tiempo supuestamente perdido. Porque si la anatomía es el destino (como decía Freud), ésta no se refiere a la de un cuerpo medicinal, biológico, sino a la de aquel otro, simbólico, que no puede escapar de un discurso que lo construye (y lo deshace) hasta en el más tímido de sus detalles. Será cuestión entonces de hacerse engrapar unos ganchos de metal sobre la piel (algo que Randy hace, literalmente) para sostener el cuerpo en uno mismo y donde corresponde, no sea cosa que se nos vaya por ahí y otras palabras lo hagan suyo.En un tiempo donde el cuerpo es trivializado por una imagen digital omnipresente, donde lo virtual prescinde del contacto real y la piel es desplazada por infinitos píxeles corregibles a distancia, El luchador es carne, pura carne. Despedazada, observada, invadida, aplaudida, tajada, reformada y estetizada hasta el extremo, pero una. Carne que avanza, cae y se redime. Y es importante destacar que el cuento de sufrimiento, caída y redención (miles de veces contado en películas a lo Rocky) es en este caso no tanto la causa sino más bien la consecuencia de un acercamiento descarnado y sincero que Darren Aronofsky lleva adelante sin mucho más que con su cámara (quiero decir: el dato del cuento mil veces contado es tan preciso como inútil; también mil veces, por ejemplo, una película fue protagonizada por un hombre y llevó en su título el artículo “El”). Es quizás por esta serie de detalles que el director decide alejarse de cualquier intención operística y concentrarse en la relación entre la cámara y su protagonista, relación que durante un comienzo será de absoluta austeridad y recato (esa primera y maravillosa imagen que vemos de Randy en el presente, sentado de espaldas al espectador, observado a la distancia y desde abajo, casi al ras del piso) para luego ir volviéndose cómplice de los más pequeños detalles (desde los numerosos seguimientos a Randy pisándole los talones, en largos planos sin cortes, expectantes de alguna conducta que presienten reveladora, hasta la compañía codo a codo durante su trabajo en el supermercado, los encuentros con su hija o el descubrimiento en primer plano de una lágrima cayendo por su rostro, imagen que Aronofsky decide abandonar en el momento justo). Caída y redención mil veces contada, es cierto, pero que poco tienen que ver aquí con el éxito deportivo idolatrado como meta, el regreso a la gloria o la superación personal (la renuncia de la película al uso de las clásicas secuencias de montaje tan propias del género es todo una declaración de principios). No hay superación en Randy ni adaptación a los tiempos que corren: su carne se redime (se libera) reconduciendo su deseo por encima de todo y de todos los demás. En un medio cuasi-circense donde todo es falso menos los huesos rotos y las cicatrices, es el cuerpo quien tomará la delantera para decidir quién quiere ser.
Adaptación al medio o deseo personal, esa es la cuestión. Podría argumentarse que Randy “no sabe hacer otra cosa” y que por eso vuelve al ring, luego de su operacion, buscando la gloria. Nada más equivocado, y la película misma despeja las dudas: cuando tiene que hacerlo, Randy consigue trabajo, aprende rápido y se transforma en el empleado más simpático de todos. ¿Por qué confundir el ser con el hacer? La verdad no es que Randy no sepa hacer otra cosa, sino que Randy no quiere ser otra cosa. Se reconocerá, finalmente, aceptando lo que pierde (a Pam y a su hija) por decidir continuar siendo “The Ram”. Diferente es lo que ocurre con Cassidy, un personaje que funciona como el espejo exacto de Randy pero cuya imagen, como en todo espejo, es igual pero invertida. Ella también trabaja con su cuerpo pero jamás duda de sus verdaderas intenciones: sabe que su "Cassidy" es un nombre artificial, que no la nombra por fuera de ese mundo nocturno del que sólo le interesa el dinero para realizar los proyectos en un futuro cercano junto a su hijo (su verdadero nombre es Pam, y el condominio en Tampa el sueño americano al alcance de su mano); se trata de la encarnación del discurso correcto, valorable, a través de cuyo esfuerzo consigue lo que quiere adaptándose a la circunstancia social, inmediata. Por el contrario, Randy la tiene más difícil: habiendo renunciado hace décadas a su nombre falso (Robin Radzinski, y con él a su hija, para quien hoy Randy es un fracaso de persona) en virtud de perseguir su deseo (las peleas con su cuerpo), los años 80 que le servían de coartada a lo que era quedaron atrás, los 90 fueron una mierda (Randy sic) y en el presente su cuerpo deteriorado se resiste a seguirle el juego. Randy jamás ha dejado de ser lo que fue (por eso la película nunca tropieza con lo melancólico ni el golpe bajo) pero su vacilación significa su caída (pasajera) y también su intento de recuperar ingenuamente un tiempo perdido que se traduce a la vez en el manotazo de ahogado para renombrarse con palabras que no le pertenecen. ¿Randy? ¿Radzinski?
Pero el cine no vacila, decide. Randy ante la salida de su enfrentamiento final y Pam intentando retenerlo; Sweet child of mine de los Guns n’ roses (“her hair reminds me of a warm safe place, where as a child I'd hide”) sonando de fondo... Y todo está dicho: Randy niño ya no existe y los lugares seguros (el prólogo-paraíso de fotos sin vida animadas por voces irreales) tampoco. Randy decide y sale a pelear, a poner el cuerpo. El ring, el teatro, los golpes. Ni los zumbidos de su cabeza que señalan la tragedia impiden a Randy coronarse en lo más alto del ring, mientras la cámara, desde una distancia justa y nuevamente desde abajo como en el comienzo (en una simetría perfecta), nos muestra al luchador con el esplendor de quien, aun sabiéndose al borde del abismo, elige arrojarse con decisión y firmeza. ¿Qué otra cosa para mostrar de ese salto que el salto en sí mismo? Austera, la cámara inmóvil permanece durante varios segundos observando la nada, mientras la carne desmesurada (por ende trágica) de Randy "The Ram" Robinson obedece satisfacer al mayor de los excesos: su deseo. Y el cuerpo (aquello de lo que El luchador se trata) recupera finalmente, fuera de campo, su verdadero nombre.

21 comentarios:
Coincido en que El Luchador es de las películas más auténticas de las que se han estrenado en esta mediocre "temporada de oscars"
Me quedé pensando, cuando salí del cine, que Randy a través de su profesión logra materializar en su propia piel el sufrimiento que acarrea su vida. Como si necesitara plasmarlo en la carne para sentirlo de verdad.
Esa necesidad no es sino una de las consecuencias de ese mundo trivializado en el cual hablás en tu crítica, un mundo de seudónimos donde difícilmente podamos ser sinceros del todo sinceros con alguien. Por eso cuando Cassidy lo rechaza, él se castiga a sí mismo cortando fiambre, por eso vuelve a aquella profesión que le aporta lo último que le queda de identidad, el único espacio donde él puede ser, aunque en eso se le vaya la vida.
¡Clap, clap, clap!
Excelente, hermoso texto. De lo mejor sobre El luchador. Es cierto lo que decís del ser y del hacer, que casi nadie (al menos entre lo que leí) advirtió de esa manera. Eso incluye el breve post que publiqué en mi blog.
Pero -casi siempre hay un pero- creo que este texto es mejor que la propia la película, que aunque tiene sus varios méritos cae en algunos subrayados y resuelve (o plantea) mal algunas situaciones. Me dio bronca, porque podría haber sido una gran película.
Y sí, coincido: aunque me falta ver The reader, creo que El luchador es mejor que todas las nominadas. Ante una de las ceremonias más chatas en años, la película de Aronofsky tiene alma, transpira, genera emociones genuinas.
Saludos
Desde mi punto de vista una gran película sin duda, profunda, dolorosa...
Sobre los oscars, pues bueno a mi esta me parece mucho mejor que la que se presume ganadora...aunque también me lo parecen "El curioso caso de Benjamin Button" y "Frost/Nixon"
Sin duda Mickey Rourke logró un rol excelente.
Sin embargo, creo que éste personaje es tal vez el regreso o la resurrección del mismo Rourke.Él se parece mucho al tipo que debía interpretar.Más allá de esto, coincido en la autenticidad y crudeza que logra esta película.
Ayer ví Milk y pienso que la actuación de Sean
Penn es merecedora del Oscar. Es tan natural que uno se cree el personaje.
Hernán: este es un texto, con perdón de la expresión, de la puta madre. Te felicito por lo que escribiste. No puedo estar más que de acuerdo con tu visión sobre el film de Aronofsky. Yo lo iba a tomar por el lado del tiempo: de presencias muertas, fantasmales; y de un pasado que se hace presente sólo dentro de un espacio determinado (el ring) para así oficiar como lugar vital que se conforma durante un tiempo como imperecedero, aunque en el cierre ese espacio adquiera un sentido mortuorio (aunque como vos decís, sólo en relación al cuerpo -físico-).
Un saludo!
EV
Enhorabuena. Has captado la esencia de la película y es complicado hacerlo porque la película se puede llegar a confundir con un "Rocky" más, como bien dices. Me ha gustado mucho las líneas que dedicas al personaje de Marisa Tomei y como comparas su rol con el del luchador. Sinceramente, creo que es LA PELICULA DEL AÑO. Del año pasado, claro.
Saludos.
"Johnny Handsome". Mejor aún, "Angel Heart". (Y dejo afuera la de Cimino, o su participación en "The Pledge"; oportunidad que le dio el que ahora le sacó el Oscar, excelente actor también, ojo). El mastodonte de "The Wrestler" es el viejo Mickey, basta ver sus ojos. Lamenté lo de la madrugada del lunes. Espero me equivoque pero... se me hace que era su última oportunidad. Digo, no creo vaya a protagonizar otra película en donde pueda justificar la deformidad en que transformó su "percha". Sin ir más lejos, ahora se viene una con Stallone, otra "Sin City"... y así.
"The Wrestler" no era "Homeboy". "The Wrestler" conmovía, cual "Gran Torino" (salvando las distancias, claro). Pero Hollywood no perdona... y encima el boludo va y le dedica un premio a los perros, tiempo después llora a uno porque espichó. En fin... Convengamos que tampoco hace buena letra.
Mge. Es verdad, así se siente la película en el cine: auténtica. Y está muy bien lo que decís, porque Randy es carne de los 80. Porque es fácil pensar en imágenes, ropa, música y tantas cosas de los 80, pero ¿cómo pensar en la carne de una época? Bueno, ahí esta El luchador.
Andrés, gracias por tus palabras. En cuanto a la confusión del ser y el hacer (sin volvernos tan filósoficos, blogger no lo permita) ¿no es un poco una de las tantas manías de nuestra época? Por eso yo veo alejada esta película de tantas otras, incluyendo series como Rocky, porque no encuentro en ella un "deber ser" de superación personal valorado a priori por un tercero. Acá no hay terceros (y si los hay, desaparecen), sólo quedan Randy y su deseo.
Leí lo que escribiste en Cinematófilos y están buenos los dos ejemplos que ponés como escenas mal resueltas (voy a releer tu nota, porque lo hice rápido y sin tiempo). Y tampoco vi The reader, que por ahora no tiene distribuidora local. Saludos.
Angel. A mí también me parece mejor que todas ellas. Y de Slumdog (la que se llevó todo) no puedo decir mucho más de lo que dije en otra parte del blog. Igual están bien todos esos premios, Danny Boyle es un tipo simpático.
Graciela. Penn está muy bien y es verdad que no hay escena en la que no sea Harvey Milk, pero en él o en el otro actor que hizo de Nixon yo les noto, al menos por momentos, el preparado de todo el asunto, el método de actuacion o la forma en la que se adueñan con detalles y gestos y movimientos del personaje que están trabajando por revivir. En Rourke eso no está (quizás porque hacía de él mismo, no lo sé, tampoco importa demasiado), y es por eso que su personaje se siente tan real y descarnado: no hay método a la vista.
Ezequiel, te agradezco las palabras. Tu idea es brillante, el ring como metáfora de la puesta en escena. Porque si lo pensás como un lugar vital donde se recupera un tiempo original que se hace presente, bueno, estás hablando de la concepción mítica del cine (y su ritual que es la puesta). Pero no creo que el cierre adquiera un sentido mortuorio, fijate que hasta el cuerpo de Randy salta y desaparece fuera de campo (la cámara lo desaparece). Quizás Randy alcanzó la eternidad, eso me gusta creer. Saludos.
Licantropunk. Tenés razón, de Rocky puede tener varios elementos superficiales (deporte, caída, redención) pero me parece que todo apunta en otro sentido y el personaje de Cassidy/Pam está ahí para revertir un poco todo eso. Saludos.
D. También lo lamenté, más que nada porque quería ver, precisamente, alguna falta de buena letra en esa ceremonia tan... tan así, como son esas ceremonias. La ironia en el discurso de Penn estuvo bien, pero imagino que Rourke habría salido con algo mucho mejor, con alguna dedicación a su nueva mascota o algo por el estilo.
Una gran película en todos los sentidos. Debería haber optado y recibido más premios, pues sin duda alguna los merece. Impresionante Rourke en momentos memorables.
¡Saludos!
Nada más que excelente. Excelente artículo, muy buena reflexión: Randy "es" y "quiere ser" y habría que preguntarse, ahí si queda una duda, parafrasando lo que decís, si Radny "puede" ser otra cosa...
Muy linda, digna de "the wrestler" Saludos
Claro que podría ser otra cosa, JB, como lo son tantas personas que privilegian simular lo que no son al riesgo y el esfuerzo de ser lo que querrían. (Perdón por el juego de palabras horrible, espero que se entienda.) Gracias por el comentario.
Me gustó mucho, la actuacion de Mickey Rourke es de lo mejor!
Cuesta, cuesta, je. La idea está. Lo que quería decir es que para mí Aronofsky deja abierta la cuestión de sí Randy "elige" cosa que la peli muestra o si no es una verdadera elección (cosa que la peli sugiere)
De nada, gracias a vos
Entre al cine sin esperar demasiado y sali con una de las pocas peliculas que me han logrado emocionar tanto este año. El Luchador nos demuestra que Mickey Rourke sigue siendo un gran actor (ademas que The Ram tiene varias cosas en comun en el como que fue una estrella en los 80 y decayo en los 90). Ademas Marisa Tomei nos entrega otra gran actuacion
hernan: coincido en que es una gran reseña.
Es verdad que Randy sabe hacer otra cosa además de simular pelear pero, en el fondo, lo que pasa es que Randy es un idiota; su discurso al final de la película es demagogo, facilista y cuenta una supuesta lucha contra sus detractores o sus críticos que no existen; la forma en que se queda dormido antes de ir al restaurant a cenar con su hija también es la consecuencia de alguien que no puede comprender por que los 80 dejaron de existir.
Y sin embargo, a pesar de que Robin es un idiota que más que antiheroe es alguien a quien no le calza el traje de heroe, hay algo que excede esa falta de pelotas - contrariamente a la canción de Accept "Balls to the Wall" - y que hace que la película sea realmente atrapante y es ver hasta dónde va a aguantar el cuerpo que ya desde el principio, incluso cuando sabemos que es lucha profesional y simulada, parece a punto de desbordarse, a punto de salir de debajo de la piel y estallar. Y eso es todo lo que cuenta tu muy interesante reseña.
Hernán, ante todo gracias por pasarte por mi "casita" (blog)y dejar tu comentario. Esta peli me fascinó como leíste allí y debo decirte que tu reseña me dejó pensando en muchas cosas más aún sobre el argumento y el personaje.Excelente reseña. Rourke me dejó helada con la sorpresa de su actuación. Son esas pelis para ver varias veces una vez que el tiempo pasa porque nos marca sobre nosotros mismos también muchas cosas.
Gran película y gran crítica. Saludos, zenitales.
Me lleve una sorpresa cuando vi esta película, muy bueno el comentario!
Saludos
Buena pelicula estoy segura que cuenta la vida de muchos luchadores que no se dejan morir creo que se merecen mis respetos y el de todos porque es sus vidas y lo que les gusta
Muy bueno el escrito. La vi hace poco, también me gustó la escena donde "el publico" le dona una pierna ortopédica para golpear, pierna que también sirve para sostenerse.
Me gustó mucho tu comentario y este resuelve en parte mi duda sobre el disgusto de "El Ram" cuando le dan la credencial. En mi opinión esta cinta nos hiso sentir algo como lo que sentimos al ver Rocky, pero al ir siguiendo la trama nos damos cuenta de que se muestra la vida real y que por ende tanto de lo bueno no se da, por lo que se hace predecible en parte el final, aunque es cuestionable la forma de actuar del personaje, quien a pesar de dedicarse a una profesión de bárbaros observa una conducta benebola y que parece haber sido por lo coditidiano que lo hace que es la de toda su vida y es increible entender como una persona que cuenta con tantas cosas bonitas en su personalidad halla cometido tantos errores, tal ves en eso es en lo que más se parece este film a la vida real y que tal vez nos hace identificarnos a todos con el. me gustó mucho la canción de Gun's al final.
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