Cuando Roman Polanski dirige El inquilino (The tenant, 1976) sin dudas tiene muy presente durante la realización y la puesta en escena una de las mejores películas de F. W. Murnau: El último (Der letzte mann, 1924), también conocida como La última carcajada o El último hombre.
El ojo de la cámara es en ambas películas también el ojo de sus protagonistas. En ambas, la mirada de lo visible adopta una reversibilidad en directa relación con la inestabilidad de sus personajes y la puesta en escena asimila el más crudo realismo con los efectos más perturbadores del expresionismo y las imágenes surrealistas.



El inquilino nos cuenta la historia de Trelkovsky (interpretado por el mismo Polanski de manera extraordinaria), un hombre retraído y callado que alquila un departamento en los suburbios de París desde cuya ventana se ha suicidado Simone, la anterior inquilina. Al poco tiempo, Trelkovsky comienza a descubrir cosas extrañas en su departamento. Sus vecinos los espían a través de una ventana, le golpean la puerta y las paredes, le piden que no haga ruido por las noches y hasta le aconsejan que use pantuflas tal como lo hacía Simone. Trelkovsky entra lentamente en crisis y comienza a sospechar con pánico que sus vecinos tienen la delirante intención de convertirlo lentamente en la antigua inquilina, para terminar repitiendo finalmente su trágica muerte.
Pero resumir la trama de El inquilino en estas pocas líneas sería un pecado imperdonable. El film de Polanski tiene la riqueza de los clásicos y las películas de culto, riqueza que permite múltiples lecturas y sensaciones cada vez que uno los mira. Es una película de terror, de suspenso, un drama y un minucioso análisis psicológico con mucho humor a la vez, pero también otras cosas y mucho más. Es inclasificable.
Diferentes recursos formales utilizados por Polanski (en especial el uso que hace de los travellings, de las puertas y las ventanas, de los deliberados climas absurdos y expresionistas) nos lleva a pensar que el gran director polaco veía en El último, de Murnau, un film inigualable, a tal punto que le rinde homenaje más de una vez durante toda la película. En definitiva, también El último nos habla sobre la identidad, el deseo y las apariencias. Un portero de un prestigioso hotel (un genial Emil Jannings) es reemplazado de su cargo y es destinado como encargado de los baños. Desesperado, intenta ocultar su lamentable situación a los demás decidiendo robar su antiguo uniforme de trabajo para mantener íntegra su imagen y asistir sin obstáculos a la boda de su hija.
En ambos casos la apariencia tiene un papel protagónico; para ocultar o mentir el propio deseo (El inquilino) o para realizarlo en su plenitud (El último). En ambos casos la cámara asume la ambigüedad formal propia de los antifaces, que ocultan una mitad del rostro y dejan la otra al descubierto. Anverso y reverso fusionados, reversibles. El discernimiento de la objetividad y/o subjetividad de la cámara, en ambos films, es una tarea insignificante y completamente inútil. Todo plano, angulación y movimiento de cámara resume la mirada del protagonista y su visión del mundo. Toda imagen es, en estas dos obras maestras, más que nunca, una cuestión de moral.
Como ejemplo, dos escenas:
En la primera, los créditos iniciales de El inquilino. Un plano secuencia en el que la cámara hace malabares y desciende mostrando las diferentes ventanas internas del edificio, donde aparecen y desaparecen rostros y figuras.
En la segunda, el portero frustrado y embriagado en El último, perdiéndose en el sueño. Una serie de imágenes completamente desquicidadas: puertas giratorias gigantes, risas y aplausos desencajados (que Polanski cita literalmente hacia el final de El inquilino), cámara en mano desenfrenada y equipajes que flotan por el aire.



6 comentarios:
Genial y perturbadora obra de este gran director polaco que supo entregarnos aquí un retrato de la paranoia. Muy buena tu comparación con la de Murnau. Saludos!
Buffff... son dos autores de los más grandes. Tanto Polanski como Murnau tienen ese sello personal que solo algunos directores poseen. En este caso creo que los retratos que presenta Polanski en sus películas serían igual de grandiosos desde cualquier paradigma, aunque no fuera terror puro y duro.
No vi El último, ahora la voy a rastrear. Pero coincido en eso que El inquilino es el último gran Polanski.
De Polanski solamente vi " luna perversa de hiel", me pareció una película hecha con una psicología extremista. Es impresionante la perversidad y sadismos de esa relación, una gran obra.
El comienzo del " inquilino" parece muy prometedor, voy a ver si consigo alquilarla.
Muy bueno el blog, saludos cordiales
hola
gracias por la visita al blog, veo que te interesa polanski, e ahi la razon de tu coment en mi blog.
sin duda esta pelicula es en extremo perturbadora, como decia en el post en mi blog forma parte de la trilogia de los departamentos, junto a repulsion y al bebe de rosemary, de verdad polansky se la juega en su rol de inquilino, tiene esa atmosfera que te llena de intranquilidad.
buen blog, tevisitare nuevamente
bye
ES UNA PELICULA GENIAL, UN RETRATO EXCELENTE DE LA EVOLUCOIÓN DE LA PARANOIA, QUE TE LLEVA DE LA MANO HASTA EL PUNTO MÁXIMO DE SU EXPRESIÓN ENVOLVIENDOTE EN SU LOCURA.... Y ENTRNDO EN SU LOCO MUNDO.
EXCELENTE ACTUACIÓN DE POLANKI.
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