"Entre lo que se alucina, lo que se quiere ver, lo que se ve realmente y lo que no se ve, el juego es infinito: es ahí donde tocamos la parte más íntima del cine". Serge Daney.

21 de marzo de 2014

Un cuerpo desconocido

"Quienes amaban profundamente al teatro objetaban que el cine carecía siempre de algo, 'la presencia', la presencia de los cuerpos, que seguía siendo patrimonio del teatro: el cine no nos mostraba más que ondas y corpúsculos danzantes con los cuales simulaba cuerpos. Cuando André Bazin encara el problema, se pregunta en qué sentido hay otra modalidad de presencia, cinematográfica, que rivaliza con la del teatro y que incluso puede aventajarla con otro tipo de recursos. Pero si el cine no nos da la presencia del cuerpo y no puede dárnosla, es quizá porque se propone otro objetivo: extiende sobre nosotros una 'noche experimental' o un espacio blanco, opera con 'granos danzantes' y un 'polvo luminoso', impone a lo visible un trastorno fundamental y al mundo una suspensión que contradicen toda percepción natural. Lo que así produce es la génesis de un 'cuerpo desconocido' que tenemos detrás de la cabeza, como lo impensado en el pensamiento, nacimiento de lo visible que aún se sustrae a la vista."

Gilles Deleuze, en La imagen-tiempo.

23 de agosto de 2013

Ben-Hur de William Wyler

No recordaba quién había dicho o escrito que El desprecio de Godard era un documental sobre el cuerpo de Brigitte Bardot, pero sí presentía que la película que estaba a punto de ver, acomodándose en la butaca del todo luminoso cine shopping de su barrio, iba a ser una pocilga de imágenes y diálogos ya vistos, de sonidos re contra escuchados hasta el más insignificante de los hartazgos memoriosos. Y se preguntaba, con algo de inquietud y demasiada molestia, si no valía la pena levantarse y renunciar a la elección pretérita que había realizado a conciencia, o a semi conciencia (pensaba ahora), de la película mientras hacía la cola en la boletería del cine a pocas cuadras de su casa, hacía exactamente, digamos… veinte minutos. Está bien, me levanto y me voy, dice. Este dinero vale el esfuerzo de ser conciente de que esta película va a ser una mierda empezando ya de esta manera (un sinrazón de cortes y sonidos y planos feos que parecen calcomaniados). Me voy. ¡Me voy! Y siente culpa, mientras se levanta silencioso de la butaca haciendo el menor ruido posible. ¿Culpa? (Hay que ser respetuoso, hay que mantener las buenas costumbres). Mientras, se le cruza por la cabeza si no le convendría, antes de abandonar el todo luminoso cine shopping, entrar en otra sala con alguna otra película empezada. Ah, se dice: alguien también ya había propuesto algo similar, pero no recordaba su nombre... Ver varias películas de a pedazos y armar alguna otra en nuestras mentes que
Pero no. Decidió volver a casa. Y en su lugar se puso a ver Ben-Hur de William Wyler.

20 de junio de 2013

A fin de ser visto y oído

"El rayo y el trueno necesitan tiempo, la luz de los astros necesita tiempo, los actos necesitan tiempo, incluso después de realizados, a fin de ser vistos y oídos". Friedrich Nietzsche, quizás sin saberlo, nos regala una precisa definición del cine: el arte de la imagen que, representando el tiempo, busca dar con aquellos actos que ya fueron realizados, pero que merecen, sin embargo, ser vistos y oídos.

6 de mayo de 2013

Aprender a jugar


"La idea de que podría darse una situación de comunicación que fuese tal que los juegos de verdad pudiesen circular en ella sin obstáculos, sin coacciones y sin efectos coercitivos, parece pertenecer al orden de la utopía. Y ello significa no ver que las relaciones de poder no son en sí mismas algo malo, algo de lo que es necesario liberarse. Pienso que no puede existir ninguna sociedad sin relaciones de poder, si se entienden como las estrategias mediante las cuales los individuos tratan de conducir, de determinar, la conducta de los otros. El problema no consiste por tanto en intentar disolverlas en la utopía de una comunicación perfectamente transparente, sino de procurarse las reglas de derecho, las técnicas de gestión y también la moral, el ethos, la práctica de sí, que permitirían jugar, en estos juegos de poder, con el mínimo posible de dominación".

Michel Foucault, fragmento de una entrevista para la revista Concordia (1984). La imagen pertenece a ese juego de reglas extraordinarias llamado La chinoise (Jean-Luc Godard, 1967).

23 de marzo de 2013

La chica del cine

Estaba descentrada de su mirada habitual y presentía que estaba por ver algo diferente, inusual, raro. La oscuridad de la sala se hizo total; el silencio le molestaba en los oídos. “Shhh…”, se escuchó. La voz parecía una voz de mujer, pero también podía ser la de un chico o adolescente. Mi piernas estaban como estancadas en tierra mojada y mis dos manos se apretaban duras, clavándome las uñas. Me sangraron las manos, Ruben, y vos y tu hermano que no prestaban atención, estaban en pavadas como siempre. A partir de ese día me postraron en la cama y ahora me dejan en este enfermadero del demonio. No exageres, mamá. No exagero, preguntale a tu padre que no me deja mentir. Papá está muerto, mamá. ¿Cuánto estuve postrada en la casa, eh? ¿Cuánto? ¿Siete años? ¿Les alcanzó a vos y a tu hermano para quitarme las cosas? ¿Ya vendiste las joyas, Ruben? Al final seguiste el camino de tu padre y de tu hermano, que en paz descansen ambos desgraciados.

Un silencio incómodo muestra una habitación demasiado blanca y sola.

El viento golpea suave sobre el vidrio y abre la ventana.

¡Quiero que me saques hoy mismo de acá! ¡Quiero volver a mi casa!

¡Callate de una vez, la puta que te parió!, dijo suave y por lo bajo el hijo, dejando salir un odio antiguo y violento.

Y la chica finalmente lo vió.

Con fatalidad sobre una pantalla que era todo ojos y miradas (un espacio atroz y bello a la vez) Ruben se acercó a su madre y le pegó una cachetada que le hizo sangrar el labio inferior. Ruben, por unos segundos (que fueron para él una pequeña y última eternidad) nada vio salvo la pistola que sacaba de su bolsillo para pegarle un tiro a esa mujer que, sentía, había dejado de ser su madre.


Ruben camina unos pasos desorientado por la habitación y se acerca a la ventana. Está vencido. Trepa, mira ciego sin ver demasido y, finalmente, se deja caer.

El golpe y el ruido final fueron un corte a negro que dejó en silencio a toda la sala. Las luces se prendieron.

La chica de negro se levantó y salió del cine.

El mundo, aunque seguía siendo terrible, se veía ahora un poco mejor.

13 de julio de 2012

Laberintos, pasiones, imágenes


"El laberinto: simboliza el trabajo paradójico por el cual el sujeto se aplica a construirse dificultades, a encerrarse en los callejones sin salida de un sistema. Es el espacio mismo de lo obsesivo. El laberinto es el espacio de la clausura activa (≠ celda cerrada: no hay más que quedarse en un rincón, salvo si se es Edmond Dantès). Trabajo incesante y vano para salir. El sujeto contribuye a su propio encierro por medio de sus esfuerzos para salir. (...) Ejemplo: sistema de una pasión amorosa; dentro de ella, ninguna salida y, sin embargo, trabajo inmenso. Para salir: acto casi mágico; percepción de otro sistema, al cual hay que pasar: el hilo de Ariadna. Este estado es bien simbolizado por el laberinto; sistema inextricable de cercos a cielo abierto: no hay techo (episodio del Satiricón de Fellini). Quiere decir que, para alguien del exterior (visión desde lo alto), la solución es evidente, pero no para aquél que está dentro: caso típico de la situación amorosa."

Roland Barthes, en Cómo vivir juntos (Buenos Aires, Siglo XXI, 2005). La imagen pertenece a la obra maestra de Jim Henson, Laberinto (1986).

9 de junio de 2012

Protegiendo el cuerpo


"Violación sistemática de la distancia. Esta violación resulta de estrategias espectaculares que embarullan, voluntariamente o no, la distinción de los espacios y los cuerpos para producir un continuum confuso donde se borra toda chance de alteridad. La violencia de la pantalla comienza cuando no hace más pantalla, porque ya no es más constituida como el plano de inscripción de una visibilidad que espera un sentido."

Marie-José Mondzain, en L'image, peut-elle tuer? París, Bayard, 2002. La imagen pertenece a la muy recomendable Poder sin límites  (Chronicle, 2012).

13 de abril de 2012

BAFICI 2012 / La piel de cerca

L'estate di Giacomo
(El verano de Giacomo)
de Alessandro Comodin

¿Hasta qué momento exacto se puede filmar en detalle los cuerpos de dos jóvenes caminando, charlando, bañándose en un río y secándose al sol, sin dejar que la imagen se libidinice al punto de reclamar otra cosa o saltar al vacío? ¿Y si encima, adrede, se quita de la trama cualquier juego de seducción o tensión sexual? Hay mucho de resistencia en esta ópera prima de Alessandro Comodin, en su forma de registrar los cuerpos y dejar que sus personajes actúen como si fueran niños, con mucho afecto, desplazándose de un lado al otro como en un sueño donde todo estuviera permitido y, aun así, paradójicamente, se limitaran a permanecer en un estado de inocencia perceptiva, sintiendo a flor de piel el paisaje que los rodea o jugando con él. Pero, ¿hasta qué preciso momento, sin que la mirada se tense o las palabras (las muy pocas que se dicen) pesen más de la cuenta?

Verano, adolescencia, amistad y deseo. Piel embarrada en el agua y música metida en el cuerpo. La cámara sigue a los adolescentes desde atrás y participa del juego, con aparente ingenuidad. Es alguien más, una más; espectadora privilegiada que finalmente no podrá soportar la tensión y entrará en escena de manera real, incoporándose (literalmente) a la imagen. Para echar todo a perder. O no, quién sabe. Sí para dejar en claro que en un mundo digital de colores fugaces, lo único real, en la imagen, siguen siendo los cuerpos, y el deseo a su alrededor.

10 de abril de 2012

Experiencias de la visión


"Llamo imagen a lo que se apoya aún sobre una experiencia de la visión y visual a la verificación óptica de un procedimiento de poder -ya sea tecnológico, político, publicitario o militar-, procedimiento que sólo suscita comentarios claros y transparentes. Evidentemente, lo visual concierne al nervio óptico, pero, aun así, no es una imagen.
Pienso que la condición sine qua non para que haya imagen es la alteridad."

Serge Daney, en Revue d'etudes Pestiniennes, nº 40, 1991. La imagen es de Blow up (Antonioni, 1966).

17 de marzo de 2012

Superhéroes y villanos: sobre el control de la imagen

La imagen lo es todo, para bien y para mal. Imagen total, vampiro de frontera, que todo lo graba y reproduce al instante. Hipervisibilidad de un espectáculo que hace de la emoción una mercancía más, de la agonía una mercancía más, y promete la revelación de un deseo que, finalmente, también se vuelve imagen. Salvación y perdición para Andrew. Poder sin límites (Chronicle, 2012) es la historia de un adolescente que usa la imagen para enfrentarse a su padre (es importante prestarle atención al primer plano de la película: la imagen de la cámara como cerradura para impedir el ingreso del padre a la habitación) que no es (al menos no del todo) su padre biológico, golpeador y borracho, sino otro, más grande y poderoso, invisible, de inefable determinación. ¿Sociedad, sistema? Andrew sabe que su cámara produce, que hace rodar una mercancía más (la imagen) en el mundo que le provoca bronca y malestar, pero no le queda otra: su deseo encuentra en la imagen algo que no se negocia, una suerte de bastión para su voluntad inadaptada (Schopenhauer) y el desencadenante, no sin magia (el túnel, la luz, ¿la caverna?), para lograr una pertenencia al grupo (Jung). Pero ahí están los bastoncitos de colores luminosos de la rave que Jung no explica, sombras en la imagen de un fuego que Andrew lleva adentro, y que la imagen total, hipervisilbe, no deja ver (Platón). Ni siquiera la realización de su éxtasis le permiten durante el desenlace al pobre Andrew, que haciendo flamear con ira las banderas yanquis hacia afuera, alejándolas de sí, busca colpasar un rascacielos y autodestruirse. No. Una lanza irónica de su tierra india atraviesa a este joven de origen irlandés y le grita en la cara (con voz calma y afectuosa) que su deseo está cumplido, rebajado a imagen en el Tibet (nirvana virtual). La política, que se muestra accidental, inocua, es partida al medio por un rayo (Steve, el negro), mientras Matt, finalmente, se convierte en el director de cámaras: quien decide el último plano y corte a negro final, quien tiene la última palabra sobre esa imagen en las montañas, tan artificial como elocuente. Matt, el superhéroe integrado: quien ejerce el poder de imaginar (hacer imágenes) nuestros deseos y nuestra ira, quien realiza el montaje último y da forma a nuestra historia. Porque como dice Chimamanda Adichie (escritora nigeriana), el poder es la capacidad no sólo de contar la historia del otro, sino de hacer que ésta sea la historia definitiva. Desolador aunque brillante final.