Morrer como um homemJoão Pedro Rodrigues
Portugal, 2009, 134'
Ajami fue mi primera película de este
Bafici 2010, y también el primer cachetazo, no porque la película sea mala (es parte del montón, irrelevante, y gusta como un caramelo de marca
Iñárritu que al poco tiempo desaparece) sino porque ilumina el resto de la infinita programación y refuerza la idea, tan propia de los festivales de cine, de que la magia está en los detalles de las pequeñas películas y no en las que subrayan lo seguro. La segunda que vi, y de la que nada sabía, fue
Morrer como um homem (
Morir como un hombre); en segundos me devolvió a ese estado de indecible felicidad que todo cinéfilo sufre cuando se interna en un festival. La tragedia de João Pedro Rodrigues cuyo protagonista es Tonia, un travesti enamorado, es una apología de la intensidad, pero no en un sentido almodovariano sino a la inversa. La extroversión y la parodia están plegadas hacia adentro, como si fueran tumores de un cuerpo que las sufre en libertad y que a la vez excluye cualquier tipo de renuncia a las formas, a la apariencia deseada, a las imágenes propias y compartidas. La pantalla adopta su condición de travestida natural y cambia de forma (de colores, de registro actoral, de verosímil) según el deseo intransigente y doloroso de su protagonista, promoviendo en casi todos sus planos la certeza melodramática señalada por Oscar Wilde de que en la superficie (las imágenes) está el conocimiento exacto de las cosas. En ese debate permanente entre el cuerpo real y la imagen plural que se desea construir de él (que a decir verdad es menos debate que lucha sanguinaria y a muerte)
Morir… despega sus pies de la tierra y vuela libre como pocas películas, tal como hace el exquisito último plano que se mueve por el aire, incorpóreo, testigo de Tonia viviendo eterna su show más íntimo y verdadero. Una delicia de película.